Por: Rafael Aubad L. Presidente de Proantioquia
Publicado en El Colombiano
El momento es trascendental. Colombia discute la finalización del conflicto armado con un proceso que, aunque tiene todavía incertidumbres, representa muchas oportunidades. Finalizar el conflicto armado es una condición necesaria para construir un país mejor, de eso no hay dudas; pero insuficiente para que la paz sea sostenible. Esta nueva etapa requiere una ciudadanía activa, que participe, pregunte, se informe y actúe. Así lo comprendimos en el sector empresarial y por eso la Andi y Proantioquia, con el acompañamiento académico de la Universidad Eafit, asumimos el compromiso de tener una visión analítica y propositiva sobre el proceso de negociación con las Farc.
El documento Construir una paz sostenible, que dimos a conocer la semana anterior, es precisamente un análisis sobre temas críticos y recomendaciones para que sea sostenible y legítimo el final del conflicto armado. Análisis que asumimos con total responsabilidad.
También la semana anterior, con Fescol y Eafit, convocamos el evento Diálogo Empresarios y Paz, donde compartimos con diferentes invitados experiencias de otros conflictos y periodos de transición hacia una sociedad en paz. Con ellos identificamos retos, obstáculos, oportunidades y escenarios sobre cómo mantener un diálogo activo, crítico y argumentativo lejos de cualquier crispación política, aún en los momentos más difíciles.
La finalización del conflicto y la transición hacia la paz, nos reta a todos a pasar de simples espectadores a ciudadanos activos. Los posacuerdos, exitosos o fracasados en muchos países, están íntimamente correlacionados con la participación ciudadana.
Estamos en momentos decisivos para expresarnos como ciudadanía en diferentes dimensiones. En la económica, que requiere corresponsabilidad, no solo en la simple exigibilidad de derechos, sino en la participación de los esfuerzos, que según las capacidades, son necesarios para la sostenibilidad de la paz.
Expresarnos en la dimensión social, en el respeto a la Ley y a las normas. Reconocer unos principios de autorregulación y en ningún caso aceptar el uso de la violencia para cooptar la voluntad de los ciudadanos. Y expresarnos en la dimensión cultural, en la construcción de un lenguaje que ayude a la reconciliación, que elimine las exclusiones y reconozca la diversidad para construir equidad.
La mayor responsabilidad les cabe a las Farc. Para que el proceso de negociación gane en legitimidad y apropiación por parte de la sociedad civil, requerimos que este grupo guerrillero muestre de forma efectiva las rutas, acciones y compromisos que deben asumir para llevar a cabo el anhelo de la paz.
Si construir una paz sostenible es responsabilidad de todos, debemos entonces exigirles también a las Farc que esta construcción esté acompañada de muestras y acciones reales de asumir su propia ciudadanía. De “este lado de la mesa” se están haciendo grandes esfuerzos pero es cada vez más urgente que “del otro lado de la mesa” se avance de manera decidida en las rutas para la dejación de armas y los deslindes, tanto del narcotráfico como en general de los ambientes de ilegalidad. Seguramente, si así sucede, habrá más opinión favorable a la finalización del conflicto.
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